La Identidad Fracturada del asesino en serie

Un interesante enfoque, incluso del antecesor del Dr.Hare en el estudio de los psicópatas, el Dr. Hervey Clekley– quién tituló su trabajo clave “La Máscara de Cordura”– es la propuesta de una personalidad escindida, oculta o extraña al sujeto, es decir, de la existencia de los siempre evasivos fenómenos disociativos. Los propios asesinos en serie nos lo han contado y, aunque ya sabemos que resultan difíciles de  creer, no podemos obviar sus palabras.

“Un momento después, yo simplemente no podría decir si ya la había apuñalado o aún estaba rajando su abrigo. Yo no quería robarle su dinero ni violarla. Lo único que iba a hacer era matarla. Nada más”

David Berkowitz (El hijo de Sam).

Ted Bundy
Theodore “Ted” Robert Cowell Bundy (1946 – 1989)

“Una parte de mí permanecía siempre escondida”. Había algo muy dentro de mí, algo que no podía controlar”.

Ted Bundy. (Bundy lo llamaba el ente).

No es raro, por ello que, recientemente, autores serios, muy reconocidos en el ámbito académico, hayan propuesto (1) este hecho como un factor nuclear en la psicopatología de los asesinos en serie, llamando a su artículo “Fractured Identity Syndrome. A new Theory of Serial Murder.” Explican cómo, tras sufrir abusos o agresiones en la infancia, el criminal puede sufrir una fractura en su personalidad, que le sirve para defenderse, protegerse y sentirse seguro en medio de un ambiente muy adverso.

Destacan cómo un asesino en serie en prisión, que no identifican, habla así:

“Rápidamente fui consciente de mi lado oscuro, la parte de mi personalidad que deseaba la destrucción de la vida humana. […]Mi bestia no aceptaría una víctima diferente a la elegida salvo que no la hubiese alimentado durante un largo periodo de tiempo”.  Otro criminal múltiple declaraba; “Me desperté esa mañana sabiendo que iba a matar. Era esa sensación de hambre terrible y rabiosa que me estaba devorando vivo. Eso, mi sombra, demandaba una ofrenda.”  

Evidentemente, podríamos pensar que “el otro” es sólo una forma más de evadir la responsabilidad por parte de unos asesinos muy manipuladores, pero hay datos que recoge una interesante revisión llamada “Disociación y Violencia” que demuestran que hay una mayor prevalencia de trastornos y fenómenos disociativos entre los presos más agresivos, e incluso entre los policías que han estado envueltos en situaciones muy violentas. Plantea que la disociación podría ser, inicialmente, un  mecanismo adaptativo cerebral para evitar el daño emocional que podría sufrir una persona al exponerse a violencia extrema (el Síndrome de Estrés Postraumático, por ejemplo).

En algunos casos, como los asesinos en serie, podría ocurrir un cierto control o búsqueda del fenómeno disociativo durante los episodios violentos o, como planteaba Holmes, una fractura en la personalidad que les hace simular ser lo que no son, hasta que no pueden controlarlo más y dejan salir su-verdadero- ser. De esa forma, sólo las víctimas conocerían la auténtica personalidad del asesino, para quien ellas sólo tendrían sentido después de matarlas, una vez han conocido su verdadero Yo (oculto) y han recibido su “firma”.

Está demostrado que los diferentes “otros” de los pacientes con Trastornos Disociativos, escriben de forma diferente a la del host o personalidad principal del paciente; diferencias muy superiores a las del paso del tiempo en una misma persona e incluso en ocasiones, diferencias equivalentes a las que mostrarían personas distintas.  Las características de cada personalidad corresponderían a diferentes modos de escritura que, aunque puedan compartir características comunes, no corresponden a un disfraz voluntario de la escritura. En la imagen, la primera es de la personalidad original (Ruth),  la segunda (Ruthie) es un “otro” maligno y la tercera (Hope) es de un “otro” protector, todos ellos coinciden en su contenido con los roles que el terapeuta conocía de la paciente, en la que existían otras cuatro personalidades más.    

Prueba de escritura: Ruth, Ruthie y Hope
Prueba de escritura: Ruth, Ruthie y Hope

Quizá, en un contexto disociativo estimulado por el órgano extraído a su última víctima, un hombre escribió en octubre de 1888 una carta terrible, desde el infierno. En ella reivindicaba su autoría criminal -durante un mes en el que no pudo dar rienda suelta a la bestia que llevaba dentro- y mediante el envío de medio riñón y la amenaza de remitir su cuchillo, demostraba que todas las demás cartas eran sólo fraudes que no merecían quitarle protagonismo.

Probablemente por su confusa identidad y aunque sí escribió la palabra “Firmado”, no fue capaz de poner ningún nombre debajo, sino sólo un desafío “Atrápame si puedes”.

La firma la pondría días después, al amanecer, en una triste habitación con el número 13 dónde una chica de  25 años, según cuenta la leyenda, acababa de colgar la reproducción barata de un cuadro dedicado a una pérdida irreparable, “A Hopeless Dawn”.

A Hopeless Dawn (Amanecer sin esperanza). 1888. Frank Bramley. Óleo sobre lienzo.
A Hopeless Dawn (Amanecer sin esperanza). 1888. Frank Bramley. Óleo sobre lienzo.

Yours truly,

Leonardo Ende.


(1) Holmes ST, Tewksbury R, Holmes RM. Fractured Identity Syndrome: A new theory on serial murder. Journal of Contemporary Criminal Justice 1999. 15 (3):262-272.

(2) Moskowitz, A. Dissociation And Violence: A Review Of The Literature. Trauma, Violence, & Abuse, , 2004. Vol. 5, (1):21-46

(3) Yank, JR. Handwriting Variations In Individuals With MPD. Dissociation 1991, Vol. I, No.1: 2-12.

(4) Handwriting Examination: Can It Help In Establishing Authenticity In Dissociative Identity Disorder ?. Dissociation 1997, Vol. 10, No.2:114-119.

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¿Quién es Jack el Destripador? Candidatos y sospechosos.

La lista de potenciales sospechosos es muy amplia (supera los 200) y en ella hay nombres muy conocidos desde Lewis Carroll hasta el Duque de Clarence, pasando por Sir William Gull y, por supuesto, Walter R. Sickert.

Todos ellos tienen elementos a favor y en contra, veremos algunos a modo de ejemplos:

El Duque de Clarence era el hijo primogénito de Eduardo, príncipe de Gales y heredero al trono, que posteriormente reinó como Eduardo VII. El joven pasaba la mayor parte de su tiempo dedicado a la caza del ciervo, deporte en el que parece ser era muy diestro, pese a sus aficiones cinegéticas en las que gustaba de descuartizar él mismo a sus presas de caza, era también un joven elegante, y le gustaba frecuentar los prostíbulos de Whitechapel por todos era conocido que el duque sufría una gran inestabilidad emocional lo que lo llevó a ser ingresado en una clínica, murió a los 28 años, en 1892 quizá de sífilis. Contra esta teoría se ha argumentado, y con razón, que el Príncipe Alberto no estaba en Londres en al menos las fechas de dos de los asesinatos, sino en Escocia.

Duque de Clarence
Duque de Clarence

Montague John Druitt, hijo de un cirujano de muy buena familia, era un abogado de 40 años que solo ejercía esta profesión en algunas ocasiones, trabajando como profesor en una escuela privada a partir de 1881 hasta el 19 de noviembre de 1888, que fue despedido. Dos días después desapareció y su cuerpo fue encontrado el 31 de diciembre de 1888 en el Támesis con piedras en los bolsillos, en lo que parecía un suicidio. Al parecer, su madre había sido ingresada en un psiquiátrico poco antes de que él se suicidara, y en su familia había otros antecedentes de enfermos mentales. En la nota de suicidio que encontró su hermano, decía que sentía como poco a poco padecería lo mismo que su madre y que lo mejor para no seguir ensuciando el nombre de su familia era morir. Sin embargo contaba con una buena coartada el día de la muerte de Annie Chapman, que recordamos se había estimado sobre las 5:45 de la mañana. Habría sido muy improbable que Druitt hubiese cometido el crimen, se hubiese cambiado la ropa ensangrentada y hubiese regresado a Blackheath para jugar un partido de críquet, deporte del que era un gran jugador a las 11:30 de la mañana, según demuestran las investigaciones realizadas.

Montague John Druitt
Montague John Druitt

El Doctor Francis Tumblety un falso médico estadounidense, se sabe que estuvo en Inglaterra en 1888, y de hecho fue encarcelado el 7 noviembre por conducta indecente. Se cree que fue liberado antes del 9 de noviembre fecha del asesinato de Mary Kelly y poco después, el 12 de noviembre, fue detenido como sospechoso y dejado de nuevo en libertad el 16 de noviembre, huyendo a Francia el 24 del mismo mes y posteriormente a Estados Unidos. Tenía una colección de úteros, pero su descripción física –era muy alto- no corresponde con los testigos.

Doctor Francis Tumblety
Doctor Francis Tumblety

La escritora y multimillonaria autora de best sellers Patricia Cornwell, aseguró en su libro “Retrato de un Asesino” que el hombre que se ocultaba tras Jack fue el pintor impresionista inglés Walter Richard Sickert.  Lo cierto es que las únicas pruebas que Cornwell tiene en estos momentos contra Sickert son puramente circunstanciales. Por ejemplo: el pintor tenía 28 años cuando Jack el Destripador comenzó a matar y, efectivamente, los estudios demuestran que la mayoría de asesinos en serie llevan a cabo su primer asesinato entre los 25 y los 30 años.

Walter Richard Sickert
Walter Richard Sickert

Tras cometer uno de sus crímenes, el asesino se esfumaba rápidamente, desvaneciéndose sin dejar rastro. Y eso es algo que a Sickert no le habría costado trabajo lograr ya que el artista tenía tres estudios secretos en el East End londinense y una gran fascinación por el disfraz, así como por los bajos fondos londinenses, hechos que ya provocaron en su época alguna habladuría.  Pero, a decir de la escritora, la prueba más contundente de la culpabilidad del pintor se encuentra en sus cuadros. Según la novelista, algunos de los lienzos pintados por Walter Richard Sickert guardan una espeluznante similitud con las imágenes post mortem de las víctimas de Jack el Destripador En 1908, 20 años después de los crímenes, Sickert pintó una serie de cuadros inspirados, según él, en el asesinato de una prostituta en Candem.

“Sickert nunca pintaba nada que no hubiera visto”, argumentaba la novelista. “Y no habría tenido manera de saber el aspecto de aquellas mujeres si él mismo no hubiera estado allí”. Además, tenía un perfil psicológico similar al de muchos criminales: tuvo una infancia difícil y su padre era un hombre abusivo. Y, debido a un problema físico era estéril y tenía una disfunción sexual severa, hechos que podrían encajar con el comportamiento del Destripador, por ejemplo que siempre asesinase a prostitutas y las duras mutilaciones que les infligía, que muestran esa disfunción sexual típica en los mutiladores.”

La teoría de Patricia Cornwell resulta excesiva en base a las escasas pruebas, pero debemos reconocer su esfuerzo. Esta mujer ha sido innovadora al aplicar técnicas modernas a un caso de más de un siglo, pese a la dificultad que ello conlleva ya que muchas pruebas están indudablemente contaminadas. Lo peor para su teoría es que el principal vinculo (ADN mitocondrial y marcas de agua del papel) es entre Sickert y alguna de las cartas…pero ya hemos indicado que la inmensa mayoría de éstas (y en principio ninguna de las estudiadas por Cornwell) no provenían del asesino.

Doctor T. Neill Cream  (1850-1892), médico especializado en abortos. Nacido en Escocia y educado en Londres, ejerció la profesión en Canadá, Chicago e Illinois, EEUU. En 1881 fue hallado responsable de la muerte por envenenamiento con estricnina de varios de sus pacientes de ambos sexos. Fue él mismo quien pidió un examen de los cuerpos ya que no había sospechas de asesinato, en un intento de llamar la atención sobre si mismo. Encarcelado en la Penitenciaría del Estado de Illinois, fue liberado en el 31 de julio de 1891 por  buena conducta. Trasladado a Londres,  reinició sus actividades criminales y se le detuvo. Fue colgado el 15 de noviembre de 1892. Sus últimas palabras según el verdugo fueron  ” Yo soy Jack…”, justo cuando se abría la trampilla. Obviamente, no pudo cometer los crímenes de 1888 si estaba en prisión, pero algunos teorizan con que tenía un doble.

Doctor T. Neill Cream
Doctor T. Neill Cream

James Maybrick (1838-1889), comerciante de algodón en Liverpool, su nombre es uno de los principales sospechosos desde que en 1993, apareció un supuesto diario de Maybrick en los que relataba los crímenes y confesaba ser el destripador. Muchos estudiosos de estos diarios señalan que no aporta datos novedosos, que su origen es más que dudoso y que la tinta no es de la época.

James Maybrick
James Maybrick

Aaron Kosminski es el sospechoso oficial, tras establecerse junto con M. J. Druitt y un médico ruso llamado Ostrog como uno de los tres incluidos en el Memorandum de Sir Melville Macnaghten (Ex-Comisario Adjunto del Departamento de Investigación Criminal de Scotland Yard). Un paciente psicótico, judío de origen polaco, que podría haber sido visto por uno de los testigos del asesinato de Stride o de Eddowes, que posteriormente lo reconoció. Recientemente, ha sido donado al Museo Negro de Scotland Yard, un ejemplar de las memorias del Comisario Adjunto del CID en la época de los asesinatos, Sir Robert Anderson “The Lighter Side of My Official Life”, en el que el Inspector Jefe Donald Swanson había escrito unas notas al margen del apartado en el que éste establecía que el Destripador era un judío polaco…en las notas manuscritas por Swanson se añadía “Kosminsky era el sospechoso”.

Aaron Kosminski
Aaron Kosminski

Robert (Roslyn) D’Onston Stephenson, es el sospechoso relacionado con la hipótesis de los asesinatos rituales y la Magia Negra. Desde que el reportero O’Donnell recogiese dicha idea, lanzada desde el entorno de la Teosofía y Alesteir Crowley, en el llamado Manuscrito O’Donnell en 1958, diversos autores han defendido esta idea. Últimamente sería Ivor Edwards el principal exponente de la línea más heterodoxa de la Ripperología. Cirujano militar,  gran interesado en la magia y el ocultismo, D´Onston tenía cerca de 50 años en la época de los asesinatos. Bebedor y  jugador, su apodo en el juego era “Sudden Death”. Algunos otros datos apoyarían su candidatura.

Robert (Roslyn) D´onston Stephenson
Robert (Roslyn) D´onston Stephenson

Severin Klosovski (alias George Chapman); fue el sospechoso favorito del Inspector Abberline, entre otros policías de la época. Un inmigrante polaco, con estudios de cirugía en su país. Sus características le hacen un buen candidato a ser un psicópata y sabemos que estuvo en la zona en 1888 trabajando como barbero y que después fue un asesino en serie de tres mujeres, sí bien usando un MO tan distinto (envenenamiento) y con sus propias parejas, que resulta difícil asimilarlo al asesino mutilador de desconocidas.  Fue ahorcado en 1903.

Severin Klosovski, alias George Chapman
Severin Klosovski, alias George Chapman

La lista de sospechosos es mucho mayor y no deja de crecer, recientemente se ha editado un nuevo libro, escrito por Wynne Weston-Davies, que propone nuevo autor de los crímenes, el periodista Francis Craig. Aunque los detalles se contienen en el libro “The real Mary Kelly”, su autor dice poder demostrar que Jack The Ripper era este reportero, que habría estado casado con su tía abuela, llamada Elizabeth Weston Davies, pero conocida como Mary Jeanette Kelly. Podría haber conseguido una exhumación de sus restos para confirmar que se trata de su familiar.  

Posible imagen de Francis Craig en el proceso de investigación de Annie Chapman
Posible imagen de Francis Craig en el proceso de investigación de Annie Chapman

Este misterio es tan complejo que si varios de sus expertos nos narran su versión de las terribles hazañas de Jack, no coincidirán, para empezar, en cuantas víctimas tuvo. Otro de los momentos cumbres se producirá cuando al final cada uno señale su sospechoso; para Stewart P. Evans habría sido el doctor Dr. Tumblety, para Paul Begg, quizá fuese Aaron Kosminsky, aunque no se pueda demostrar y, por último, Philip Sugden proponía que fue George Chapman.

Parece claro que la figura del destripador seguirá vigente por mucho tiempo, generando nuevas obras literarias, películas y documentales. Pero, aunque podemos intentar acercarnos a su personalidad real, su identidad sigue a día de hoy tan ignota como en su momento de “gloria”… aunque quizá no por mucho tiempo.

Yours truly,

Leonardo Ende.

La carrera criminal del primer asesino en serie urbano moderno.

Hoy se sabe que los asesinos múltiples (1) suelen realizar una “carrera criminal” en la que, tras sufrir abusos ellos mismos, pueden comenzar de niños, siendo crueles con animales (2), prendiendo fuegos (3), acechando a víctimas (4) y realizando con ellas otros crímenes menores (agresiones sexuales o físicas) antes de pasar al asesinato (5). En ese sentido, hemos revisado algunos crímenes menores anteriores y varios posteriores, muy similares, aunque estos últimos fueran descartados como parte de la serie por varios oficiales de la policía, años después.

Veamos;

El 25 febrero de 1888, Annie Millwood, una viuda de 38 años, fue atacada por un hombre desconocido que le produjo varias heridas de cuchillo en las piernas y parte baja del cuerpo de las que inicialmente se recuperó, pero falleció el 31 de marzo por un fallo cardiaco.

El 28 de marzo de 1888, Ada Wilson, sobre la medianoche un hombre llamo a su puerta y ella abrió. El hombre, de 1,70 m. de altura y vestido con un largo abrigo negro y sombrero le pidió dinero; ella se negó y él le dió dos puñaladas en el cuello, de las que sobrevivió.

El 3 de abril de 1888, Emma Smith sufrió un ataque al que sobrevivió inicialmente, pero entró en coma muriendo el 5 de abril, su muerte fue causada por una estaca insertada en su vagina, que le produjo una peritonitis. Ella se refirió a un grupo de hombres como sus asaltantes.

El 3 de octubre de 1888 se encuentra un torso femenino en los bajos de un edificio de la policía en construcción, se le conoce como el misterio de Whitehall.

El 20 diciembre de 1888, se encuentra el cadáver de Rose Mylett, prostituta que fue estrangulada con una cuerda, no tenía cortes ni mutilaciones. Algunos autores plantean que pudo ser una interrupción, antes de que fuese degollada.

El 31 mayo de 1889 al 25 de junio de ese mismo año, se recuperan del Támesis varias partes del cuerpo de una mujer, se la reconoció por cicatrices anteriores como Elizabeth Jackson, otra prostituta.

El 17 de julio de 1889, se encuentra el cadáver de Alice McKenzie, le cortaron la arteria carótida, no fue mutilada, pero sí fueron encontrados en su cuerpo otras contusiones y cortes menores.

El 10 de septiembre de 1889, se encuentra un torso femenino debajo de un arco ferroviario en la calle Pinchin, Whitechapel, torso similar al encontrado el 2 de octubre de 1888 en Whitehall, aunque en esta ocasión las manos no fueron cortadas. Se cree, con bastante fiabilidad, que el cuerpo era el de una prostituta llamada Lydia que había desaparecido poco antes.

El 13 de febrero de 1891, se encuentra el cuerpo, aún vivo, de Frances Coles debajo de un arco ferroviario en los jardines Swallow, Whitechapel, le habían cortado la garganta.

El 24 de abril de 1891, se encuentra en Nueva York el cuerpo de Carrie Brown, la estrangularon con su propia ropa y luego fue mutilada con un cuchillo, tenía un gran corte en la ingle y otros menores en las piernas. Había un ovario sobre la cama, no se sabe si se dejo de manera deliberada o simplemente se deslizó por el enorme corte.

A la vista de esta cantidad de muertes de prostitutas en la zona en tres años, nos planteamos, ¿Cuantas prostitutas habría en la zona de Whitechapel en esa época? Se calcula que entre 1000 y 1500. El asesinato en el East End no era algo muy habitual, aunque sí lo eran otros delitos. Las muertes violentas eran sobre todo suicidios, entre los que no era rara la sección del cuello, aunque rara vez llegaba a las vértebras.

Datos relativos a la cantidad de burdeles y prostitutas en el Distrito
Datos relativos a la cantidad de burdeles y prostitutas.

1 Delisi M, Scherer AM. Multiple Homicide Offenders:Offense Characteristics, Social Correlates,and Criminal Careers. Criminal Justice And Behavior,Vol. 33 No. 3,June 2006 367-391

2 Wright J, Hensley C. From Animal Cruelty to Serial Murder: Applying the Graduation Hipótesis. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 47(1), 2003: 71-88.

3 Singer SD, Hensley C. Applying Social Learning Theory to Childhood and Adolescent Firesetting: Can It Lead to Serial Murder ?. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 48(4), 2004: 461-476.

4 Goldstein, R. L. (2000). Serial stalkers: Recent clinical findings. In L. B. Schlesinger (Ed.), Serial offenders: Current thought, recent findings . Boca Raton, FL: CRC Press.

5 Langevin R. A Study of the Psychosexual Characteristics of Sex Killers: Can We Identify Them Before It Is Too Late?. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 47(4), 2003 366-382.

Perfilando la mente de un asesino

La idea de predecir características de un criminal estudiando su aspecto y comportamiento es ya antigua, y desde Césare Lombroso y su obra “L’uomo criminal” publicada en 1876, se le propone una base científica.

Ilustración L´uomo criminal, Césare Lombroso
Ilustración L´uomo criminal, Césare Lombroso

Cuando publica su libro “El delito, sus causas y remedios” sus ideas, basadas en la frenología descrita por Joseph Gall un siglo antes, acerca de una predisposición al crimen heredable y  observable en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes (asimetrías craneales, determinadas mandíbulas, orejas, arcos superciliares, etc.) eran ya conocidas en toda Europa y habían cosechado tan buen número de defensores como de detractores.  Mientras que la escuela francesa,  que acude a los Congresos de Antropología Criminal, iniciados en Roma en 1885 y en los que la Escuela Positiva de Lombroso, obtuvo un gran éxito; se vuelca en las causas sociales del crimen,  en Francia se desarrolla, mediante el razonamiento estadístico aplicado a las características físicas, el llamado método Bertillon de Antropometría Criminal.   

Así, desde un principio se estableció un soporte psicobiológico para las teorías acerca de la base constitucional de  la conducta criminal como contraposición a las  teorías metafísicas que, desde Rousseau ponen el acento en las circunstancias ambientales. Esa misma dicotomía es hoy de aplicación para el debate moderno acerca de la situación más claramente relacionada con la conducta violenta, la psicopatía. En palabras de uno de los mayores expertos en el tema, el Dr. Robert Hare:

Muchos investigadores, clínicos y escritores usan indistintamente los términos psicópata y sociópata. Por ejemplo, en su libro El silencio de los corderos, Thomas Harris describe a Hannibal Lecter como un «sociópata puro», pero el guionista de la película prefiere llamarlo «psicópata puro». A veces, se usa el término sociopatía porque es menos probable que se confunda con psicoticismo o locura que la palabra que usamos nosotros: psicopatía.

En su libro The Blooding, Joseph Wambaugh dice de Colin Pitchfork, un violador y asesino inglés: «[…] es una lástima que el psiquiatra no usase en su informe el término “sociópata” en vez de “psicópata”, porque este último provoca cierta confusión. Creo que todo el mundo que tuvo algo que ver con el caso confundió la palabra [psicópata] con “psicótico”». En muchos casos la elección del término refleja la visión del profesional de los orígenes y determinantes de este síndrome (o trastorno) clínico. Por consiguiente, algunos clínicos e investigadores, así como la mayor a de sociólogos y criminólogos, que creen que el síndrome está forjado por entero de factores sociales o experiencias infantiles prefieren el término «sociopatía», mientras que aquellos —incluido el autor—que entienden que también contribuyen elementos biológicos, psicológicos y genéticos usan el término «psicopatía». Un mismo individuo, por lo tanto, podría ser diagnosticado de sociópata por un experto y de psicópata por otro.”

Una de las principales características de los psicópatas, tal y como los define la Hare Psychopathy Checklist en su última versión revisada (PCL-R) es su eficacia para predecir en ellos una alta probabilidad de recidiva violenta y es que la alta probabilidad de repetición, del comportamiento criminal con una marcada dificultad para la reinserción social del sujeto, es inherente a la condición del criminal psicópata. Esto no ocurre de la misma forma en el caso del diagnóstico de Trastorno de Personalidad Antisocial según DSM-IV, que resulta menos predictiva de dicho riesgo.   

Por ello, la prevalencia del diagnóstico de psicopatía entre los asesinos en serie es muy elevada (cercana al 90%) así como la coexistencia de criterios de otros síndromes, como por ejemplo el Trastorno Sádico de la Personalidad tal y como lo define el Apéndice del DSM-III R estaría presente en más del 85%.

El asesino de Whitechapel que conocemos como “Jack The Ripper” era un psicópata varón, tal y como indican los testigos, que vieron a las víctimas acompañadas poco antes de los asesinatos y como se deduce del uso de la  fuerza que tuvo que hacer el asesino para asfixiar a sus víctimas y para realizar los cortes y mutilaciones ( como ya comentamos en la entrada sobre “Modus Operandi, firma y escenario”). Era, además, un hombre entre 25 y 45 años, de apariencia algo desaliñada pero correctamente vestido, según los mismos testigos y a pesar de las variaciones entre sus declaraciones. En mi opinión, de sus acciones se deduce que era un asesino organizado (al menos parcialmente), capaz de conocer las rutas y horarios de las batidas policiales, de engañar a sus víctimas para que lo llevasen  a un lugar apartado y de huir después de una zona densamente vigilada, a menudo con “trofeos” extraídos de sus víctimas. Una reciente revisión del caso, ha aportado incluso un retrato robot del asesino que reproducimos, si bien es dudoso que hubiese datos suficientes para realizarlo por las declaraciones de los testigos.

Jack el destripador, retrato robot
Jack el destripador, retrato robot

Demostró una evidente habilidad con el cuchillo, trabajando a oscuras y con mucha prisa; cortaba siempre los grandes vasos del cuello de sus víctimas, asegurando previamente mediante la asfixia unas mayores garantías de éxito en su tarea, la  extracción del útero de  Annie Chapman se realizó con un único corte de cuchillo e incluyendo el cérvix mediante la sección de la zona superior del canal vaginal,  el riñón izquierdo de Eddowes fue “cuidadosamente extraído” según la autopsia, seccionando vasos hiliares y ureter, los órganos de Kelly fueron extraídos individualmente, uno por uno.  Puede que fuese un  matarife, un  carnicero, un estudiante de medicina o incluso un cirujano; pero también puede que fuese simplemente un cazador furtivo de ciervos y que hubiese aprendido a destriparlos en el campo.

Evidentemente, resulto ser un asesino adelantado a su tiempo, la policía no disponía aún de la metodología científica y forense adecuada para poder detenerlo, si este mataba a desconocidas y no era atrapado “in situ” o huyendo. Pero hoy sigue siendo un caso especial, si no único. Sólo asesinó a prostitutas, probablemente por la mayor facilidad para conseguir la necesaria intimidad con ellas, aunque tampoco puede descartarse un móvil diferente (desde la obsesión religiosa propuesta por el Dr. Forbes Winslow  hasta el contagio venéreo mortal de la historia del Dr. Stanley pasando por los rituales de magia negra o la conspiración masónica movida por la Casa Real británica).

Ilustración, Escenaio del crimen
Ilustración, Escenaio del crimen

Del análisis del escenario, podemos concluir que dejaba a la mayoría de sus víctimas expuestas a la vista, mostrando para mayor degradación sus genitales  y mutilaciones, en posiciones determinadas por el asesino. Su firma incluía la marca del asesino sexual y sádico, aunque no hubiese signos de violación pre (aunque esto último hubiese sido difícil de demostrar y diferenciar de otros clientes)  ni post-mortem, ni se observó semen en el escenario. Utilizaba un gran despliegue de fuerza para obtener sensación de poder y control, mataba de forma rápida, silenciosa y eficaz y después se dedicaba a las mutilaciones, el componente principal de su firma y conocido como picquerismo, la obtención de placer sexual mediante el uso de un arma blanca (sustituto simbólico del pene) para  apuñalar, cortar o mutilar.  Esto es lo que le llevaba al encarnizamiento (“overkill”) cuya medida dependía del tiempo y las condiciones del asesinato. Así, Stride no sufrió mutilaciones además de ser degollada porque el asesino fue interrumpido por un vecino conduciendo su carro tirado por un pony al interior del patio escenario del crimen; frustrado el asesino en su excitación creciente y a pesar de la alarma policial de la zona, obtuvo una nueva víctima (Eddowes), a la que mutiló de forma severa el abdomen y la cara. La culminación, no obstante, se produjo con la muerte de Mary Kelly, como puede observarse en las fotos del crimen.

Esta firma es muy infrecuente, incluso cuando se compara con una amplia base de datos contemporánea de 3.359 casos de homicidio ocurridos en Washington entre 1981 y 1995.  

La obtención de trofeos de varias de las víctimas; úteros -cargados probablemente de significa

do para el asesino y que nosotros sólo podemos intuir sin oir su propia explicación-riñón y corazón, le permitirían fantasear posteriormente con los asesinatos para volver a obtener una excitación, que a su vez le conduciría a matar de nuevo como el toxicómano, con “craving” y síndrome de abstinencia de su droga.

Pero, además, si consideramos auténtico el contenido de la carta “From Hell”, el destripador añadió el canibalismo a su amplia lista de conductas criminales, comiéndose frito medio riñón de Eddowes, quizá tras comprobar que el útero de Annie Chapman era duro y difícil de comer. Es otra de las características del Serial Killer que hemos visto después tanto en la realidad (Andrei Chikatilo) como en la ficción (Hannibal The Cannibal) y que es interpretable como un “consumo”, en la época del capitalismo, remarcando la negación de la víctima como sujeto que pasaría a ser mercancía y el nacimiento de un nuevo “Yo”-consumidor y trasgresor- al que se le llama “postmoderno”.